Los cristianos me preguntan con frecuencia que cuál es la postura de los judíos en cuanto a la profecía. ¿Qué es la profecía? Algunos dicen que es algo así como predecir el futuro, o sea, estudiar la Biblia para «armar» las palabras como un rompecabezas con el fin de determinar el tiempo y el lugar de algunos acontecimientos.
Pero hay otra postura que a mí me parece más bíblica, la que dice que la profecía es el medio por el cual Dios se da a conocer al hombre en un momento especial de la historia. Como Dios trasciende todas las cosas, Él puede entrar en el orden natural y hablar a su pueblo, y por lo general utiliza personas para hacerlo. Es un medio de comunicación entre Dios y el hombre.
El ejemplo clásico de lo que es una profecía lo vemos en los Diez Mandamientos, cuando Dios habló directamente al pueblo de Israel en el monte Sinaí.
Entonces, la función del profeta, según esto, es anunciar la Palabra de Dios para que este mundo que se ha descarriado vea la hipocresía en que ha caído.
El capítulo 58 de Isaías es un ejemplo de esto. Ahí vemos que el profeta se dirige al pueblo y le dice que si ellos han estado ayunando y no les ha llegado la salvación que esperaban, entonces deberían preguntarse por qué. Luego les dice que el ayuno no es tan solo dejar de comer y dejar de beber agua.
Él les aclara que el ayuno verdadero: «¿No es que compartas tu pan con el hambriento, que a los pobres errantes albergues en casa, que cuando veas al desnudo lo cubras y que no te escondas de tu hermano?» (Isaías 58:7).
Es muy tentadora la idea de que uno podría predecir el futuro; esto ha llevado a algunos a fijar la fecha y la hora de la llegada del «fin del mundo».
Si bien las enseñanzas judías tratan asuntos como este, lo hacen de una manera imprecisa. Abordamos este tema con mucha humildad y mucho cuidado, porque creemos que el conocimiento de tales cosas pertenecen solo a Dios.
Aunque no tenemos el privilegio de saber exactamente cuándo ocurrirán estas cosas, sí podemos ver la mano de Dios a lo largo de la historia.
La creación del Estado de Israel actual, la reunificación de Jerusalén después de la guerra de Seis Días en 1967, la emigración de judíos a Israel desde los cuatro confines de la Tierra: ninguno de estos acontecimientos fue por casualidad
Sin embargo, es diferente decir que vivimos en una época en la que los acontecimientos parecen indicar el fin de los días, a decir que sabemos con precisión los hechos que nos llevarán al fin de los tiempos.
Mis estimados amigos, vivamos nuestros días con una actitud de oración y de humildad.
Es necesario que planeemos nuestro futuro y el futuro de nuestros hijos. Esforcémonos por ayudar a los demás y por mejorar el mundo en el que vivimos ahora, pero también preparémonos espiritualmente para el mundo que viene. No dejemos de pedir por aquel día en el que Dios bendecirá a sus hijos con el gran don de shalom, la paz.
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