Hace algunos días, mientras revisaba algunas cajas de cosas viejas, encontré un par de casetes, de esas cintas que bien podrían pertenecer a un museo de los años 80.
Una de ellas era del gran Marcos Witt. ¡Qué buenos tiempos aquellos!, donde casi todas las congregaciones cristianas a una voz entonábamos esas melodías cada domingo.
Fue “Enciende una Luz” el último disco que recuerdo que tuvo ese impacto; la alabanza pasó de los himnos tradicionales a superar brechas generacionales: un poco de rap para apelar a los jóvenes, pero con una buena dosis de sencillez y honestidad para que los adultos se identificaran.
Más tarde, Jesús Adrián Romero parecía tomar ese lugar y llevar el ritmo de la alabanza nacional.
No me queda más que agradecer a estos hombres su determinación y paciencia para abrir caminos donde no los había.
Hoy, en otras etapas y proyectos, nos dejan nostálgicos y agradecidos.
Hay algo que aprender: Cuando Jesús llevó su ministerio abrió caminos, cambió todos los patrones antes vistos, pero no sólo lo hizo para la generación presente, sino que desarrolló el principio más importante en el fundamento de la permanencia del Evangelio.
Este principio lo conocemos todos: “Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19 Nueva Versión Internacional)
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Piensa por un segundo: Jesús se multiplicó en 12, uno no le salió muy bueno, pero esa es otra historia.
Estos primeros hombres tomaron discípulos, quienes a su vez tomaron más discípulos; un principio muy poderoso.
Mi pregunta es sencilla: ¿que tendríamos hoy si cada pastor, líder de alabanza o de jóvenes se multiplicara en 12 más, con las misma capacidad, habilidad e influencia?
Tendríamos hoy a 12 Marcos Witt innovando como él lo hizo, con congresos y eventos masivos que influenciaron a miles de congregaciones por medio de la alabanza y adoración.
Pero, ¿cómo puedes decir que no hay discípulos de Marcos Witt, de Marco Barrientos, Danilo Montero y otros más?, seguramente se preguntarán.
En verdad no puedo. Sería como olvidar el día que Marcos Witt visitó mi iglesia con su teclado y, con unas notas musicales de la inspiración de Dios, impactó la vida de las personas.
En realidad, lo que necesitamos es aceptar nuestra responsabilidad de primero SER discípulos de grandes hombres que han dado su vida por el evangelio en este país y, en consecuencia, hacer discípulos para construir sobre los fundamentos de la perdurabilidad del evangelio en México.
Hoy espero aprendas de tus mentores, de sus logros y errores, para que la próxima vez que encuentres unos obsoletos DVDs en una caja vieja de tu casa, sepas que el futuro del evangelio no pudo estar en mejores manos
Espero tus comentarios gabriel@180grados.org
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